100 AÑOS - REVOLUCIÓN DE OCTUBRE

La Revolución de Febrero de 1917 – Derrocamiento del Zar

El año de 1917 comenzó con un intenso frío y una gran inflación en Rusia. Se sucedían las huelgas y las manifestaciones por la escasez de alimentos en las principales ciudades debidas a la mediocre distribución. Su carácter era, además, cada vez más amenazador para el régimen: crecía el número de protestas políticas y no únicamente económicas.

El 9 de enero/ 22 de enero de 1917, en una impresionante muestra de fuerza, ciento cincuenta mil trabajadores de la capital —alrededor del 40 % del total de los de la capital — fueron a la huelga en el aniversario del «Domingo Sangriento»

La revolución comenzó tras la manifestación del 23 de febrero en San Petersburgo, cuyo lema se resumía en “paz y pan”. El 25 estalló una huelga general que pronto se extendió a otras ciudades; el 26 se produjeron motines en los cuarteles, las tropas se negaron a disparar contra los huelguistas y se sublevó la guarnición de Moscú, constituyéndose un soviet de soldados, obreros y campesinos.

El 27 de febrero se constituyó un Gobierno Provisional presidido por el príncipe Luov con Kerensky como ministro de Guerra y de Justicia. Nicolás II, que se había trasladado al frente para dirigir las tropas, abdicó el 3 de marzo, falto del apoyo del ejército

El Gobierno Provisional, integrado por liberales burgueses y socialistas moderados, tomó las riendas del Estado.

La Revolución de Febrero sobrevino casi espontáneamente cuando el pueblo de Petrogrado protestó contra el régimen zarista por la escasez de comida en la ciudad.

Existía también un gran descontento con el Involucramiento en la Primera Guerra Mundial. A medida que las protestas crecían, muchos políticos reformistas, (tanto liberales como de extrema izquierda) empezaron a coordinar sus actividades. A principios de febrero las protestas se fueron tornando violentas en cuanto los ciudadanos se sublevaron y enfrentaron a la policía y los soldados. Cuando el grueso de los efectivos destacados en la capital se unieron a la sublevación, ésta se convirtió en una verdadera revolución obligando a abdicar al zar previo a una transición casi sin derramamiento de sangre.

La revolución de febrero se produjo en el contexto de los duros reveses militares sufridos durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), que dejó a gran parte del ejército ruso en un estado de motín.

A partir de entonces se produjo un período de poder dual

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La agudización de la crisis, formación del Gobierno Provisional y del soviet de San Petersburgo

23 de febrero/8 de marzo (wikipedia.org)

En la primera mitad de febrero de 1917, la agudización del desabastecimiento provocó revueltas en la capital rusa, Petrogrado. El 23 de febrero./ 8 de marzo de 1917, se celebraron una serie de mítines y manifestaciones con motivo del Día Internacional de la Mujer que progresivamente alcanzaron un fuerte tono político y económico.

Las primeras en rebelarse fueron las hilanderas de las fábricas textiles del distrito de Výborg al norte de Petrogrado; siete mil de ellas marcharon a otras fábricas y hacia las diez de la mañana habían logrado movilizar a otros veinte mil obreros. Los trabajadores despedidos de la Putílov -que empleaba 30,000 obreros- se unieron a los manifestantes. Al mediodía, ya eran alrededor de cincuenta mil manifestantes y a primeras horas de la tarde comenzaron a unírseles obreros metalúrgicos y de las fábricas de municiones; la huelga se extendió al cercano distritocapitalino de Petrogrado.

Se calcula que ese día cerca de noventa mil trabajadores de la ciudad participaron en las protestas.

Las exigencias económicas comenzaron a dar paso a las políticas, reclamaban el final de la guerra o el derrocamiento del zar. Al atardecer comenzaron a producirse violentos saqueos en las tiendas de comestibles. Alrededor de las siete de la tarde, sin embargo, la mayoría de la ciudad se hallaba ya en calma, la policía parecía controlar la situación y los numerosos enfrentamientos entre esta y los manifestantes apenas habían causado víctimas o arrestos

24 de febrero/ 9 de marzo

Alrededor de las nueve de la mañana, una muchedumbre de obreros de la fábrica Stetinin a los que se habían unido cerca de cuarenta mil obreros más del distrito de Výborg, pretendían avanzar sobre el centro de la ciudad.

Al anochecer, se calcula que unos ciento sesenta mil trabajadores se habían unido a la huelga en la capital. Más de doscientas mil personas, incluyendo estudiantes, amas de casa, tenderos, entre otros habitantes de la ciudad, se habían unido a las protestas. Eran las mayores vistas en el centro de la ciudad desde la revolución de 1905.

25 de febrero/ 10 de marzo

los manifestantes alcanzaban ya la cifra de doscientas mil personas que habían convertido las fábricas en centros de reunión y agitación. Los bolcheviques tuvieron un destacado papel en la organización de las huelgas y manifestaciones del día. Las mujeres seguían encabezando las marchas y trataban de convencer a las tropas, cada vez más hostiles a sus oficiales, a unirse a las protestas. La policía, por el contrario, seguía fiel al Gobierno.

Los trabajadores, armados burdamente, comenzaron a asaltar las comisarías del distrito de Výborg y a atacar a los policías.

Los trabajadores de la Putílov, expulsados de la fábrica desde el día anterior, ocuparon las instalaciones. Los obreros decidieron formar un comité revolucionario provisional y organizar destacamentos de combatientes para llevar la revolución a las calles. Los obreros de la Putílov comenzaron a ocupar fábricas a lo largo de la avenida Petrogrado.

Por la noche, el zar ordenó «suprimir todos los desórdenes desde mañana» por lo que el comandante del distrito militar dio orden a las tropas de disparar contra los manifestantes que se negasen a disolver las marchas. La orden tajante del zar descartaba la negociación y el acuerdo con los revoltosos. Jabálov, ordenó la alerta de nuevas unidades militares y publicó dos proclamas, una amenazando con enviar al frente a los trabajadores que no regresasen en dos días a sus puestos de trabajo y otra avisando de que las autoridades no permitirían reuniones en las calles de la capital y las dispersarían por las armas.

26 de febrero/ 11 de marzo, domingo

Frío y soleado, amaneció con la ciudad cubierta por las proclamas de Jabálov. Las ametralladoras cubrían los cruces estratégicos de la ciudad y pelotones de soldados guardaban los edificios principales, mientras que patrullas de cosacos recorrían la ciudad. A pesar de la sensación de orden, el transporte público había dejado de funcionar y las tiendas, cafés y restaurantes se encontraban cerrados. A mediodía, convencido de que las revueltas habían pasado, Jabálov telegrafió al Estado Mayor informando de que la ciudad se hallaba en calma. Al final de la mañana,sin embargo, los trabajadores marchaban de nuevo hacia Nevski Prospekt, donde unidades especiales abrieron fuego contra ellos al no dispersarse. Hubo choques entre fuerzas del orden y manifestantes en numerosos puntos de la ciudad.

Los guardias del regimiento Volynski, enviados de nuevo a la plaza Známenskaia, dispararon contra la población —tras hacerlo al comienzo al aire y recibir la reprimenda de sus oficiales — pero, al regresar a sus cuarteles, se negaron a participar en más acciones de represión. Al recibir la orden de disparar contra los manifestantes, una compañía del regimiento Pávloski se amotinó a media tarde

En la plaza la policía contó 50 cadáveres y 48 heridos tras el tiroteo. Al final del día, se habían producido más de ciento cincuenta víctimas.

El Gobierno impuso el estado de sitio y dio orden de disolver la Duma, a la vez que rechazaba un plan para formar un nuevo Consejo de Ministros. Confiaba en haber aplastado las revueltas.

Durante la madrugada, los soldados del regimiento Volynski lograron armarse gracias a la falsificación de una orden del comandante de una compañía.  La compañía amotinada no logró al comienzo el apoyo del resto del regimiento, pero sí de algunas tropas de los cercanos regimientos de Preobrazhenski, de guardias lituanos y del sexto batallón de ingenieros. A pesar de que únicamente una minoría de la guarnición se unió a las protestas, el Gobierno perdió la capacidad de utilizarla para reprimirlas.

Alrededor de la una de la tarde había comenzado a arder la sede del tribunal civil de la ciudad y una hora más tarde las multitudes ya habían logrado cruzar todos los puentes de la ciudad hacia el centro. Los insurrectos del regimiento Volynski se encontraron en la avenida Liteini con los soldados del Semenovski que, tras dudar, levantaron las barricadas. Estalló, sin embargo, un breve combate entre ambos regimientos en el que los rebeldes lograron vencer; los insurrectos tomaron entonces el arsenal de Liteini con sus cuarenta mil fusiles, treinta mil pistolas y cuatrocientas ametralladoras.

La huelga por la escasez de alimentos y contra la guerra se convirtió en un alzamiento armado contra la autocracia.

La misma mañana, algunos trabajadores dirigidos por un hojalatero bolchevique tomaban también otro arsenal en el distrito de Lesnói y pocas horas más tarde otros tomaban el control de la fábrica de cartuchos de la ciudad. Al mediodía, obreros armados forzaban el cruce del puente Aleksándrovski enfrentándose a tropas escogidas del regimiento Moscú y lograban unirse a las tropas amotinadas en el centro de la ciudad. Se retiraron entonces al distrito de Výborg; para entonces cerca de un cuarto de millón de personas se habían alzado contra el Gobierno y un cuarto de ellas estaba armada (uno de cada diez era soldado).

Poco después del mediodía, los rebeldes tomaban la prisión de Krestý en el distrito de Výborg y liberaban a los 2400 presos, comunes y políticos, y quemaban los expedientes policiales. Posteriormente hicieron lo mismo con la prisión militar y la de mujeres. Por la tarde, los soldados de la división de vehículos blindados se unieron también a los insurrectos.

Hasta recibir la orden de enfrentarse a los manifestantes, las tropas de capital —formadas en gran medida por reclutas recientes — habían vacilado entre sus simpatías para con aquellos y el mantenimiento de la disciplina. Al verse forzados a actuar por las órdenes del Gobierno, se rebelaron y acabaron rápidamente con el poder gubernamental en la capital. La pérdida del apoyo de las tropas selló el destino del Gobierno imperial, que no contaba con planes para enfrentarse a un motín de la guarnición. Las tropas tradicionalmente más fieles, como las unidades cosacas, declararon su neutralidad, lo que privó al Gobierno de sus elementos de coerción y hizo que perdiese el control de la capital.

La revuelta de las tropas y la reacción de la Duma al decreto de disolución convirtieron las protestas de los trabajadores en una revolución.

27 de febrero/ 12 de marzo – Lunes

Creación del Comité de la Duma y del Sóviet de Petrogrado (12 de marzo)

Los diputados se negaron a disolver el Parlamento y formaron un comité provisional de once miembros constituido por los partidos burgueses liberales del Bloque Progresista, el trudovik Aleksandr Kérenski y el dirigente menchevique Nikolái Chjeidze para tratar de restablecer el orden. La propia Duma se disolvió a continuación, privándose así de participar en los siguientes acontecimientos.

El mismo día, algunos dirigentes sindicales y de las cooperativas, diputados socialistas y miembros del Comité Central para las Industrias de Guerra recién liberados —entre treinta y cuarenta personas en total- se reunieron en el Palacio Táuride para formar un sóviet (consejo) como el Sóviet de Petrogrado de 1905, nombraron un comité ejecutivo y convocaron a los delegados de los trabajadores a una sesión esa misma noche. Fue el primero de este tipo de órgano que a lo largo de los meses siguientes se fue extendiendo por todo el país. El rápido y decidido apoyo popular al sóviet le confirió pronto un gran poder político.

En el edificio de la Duma, sin embargo, reinaba la tensión: cada vez un mayor número de trabajadores y soldados, armados, acudían a la Duma para solicitar instrucciones y a pesar de la bienvenida dispensada por Kérenski, Matvéi Skóbelev y Nikolái Chjeidze, otros diputados más conservadores observaban con inquietud a los recién llegados. A pesar de su oposición a la disolución de la Cámara, la mayoría de los diputados era monárquica y se oponía a enfrentarse abiertamente al zar, a pesar de la creciente presión en las calles para que la Duma pasase a dirigir la revolución.

Kérenski ordenó la detención de los ministros y la toma de puntos estratégicos como la central de correos, las estaciones de ferrocarril o los edificios oficiales mientras que finalmente Rodzianko anunciaba la intención de la Duma de sustituir al antiguo Gobierno.

Cerca de la medianoche, se había formado por fin el Comité provisional, pero la Cámara seguía titubeando y deseando un acuerdo con el monarca: se solicitó una entrevista con el primer ministro —que dimitió en vano a las seis de la tarde— con la presencia del gran duque Miguel; la Duma seguía persiguiendo simplemente la formación de un Gobierno «de confianza». Los intentos de mediación de Rodzianko y el gran duque fueron de nuevo rechazados por el zar, que seguía confiando en los informes optimistas recibidos el domingo.

El Comité provisional envió comisarios para hacerse con el control de los edificios oficiales y los centros de comunicaciones a la vez que custodiaba a los principales miembros del antiguo Gobierno que habían sido capturados por los revolucionarios o se habían entregado a la Duma en busca de su protección, como el propio Protopópov.

El mismo lunes, comenzaron a formarse espontáneamente milicias obreras en algunos de los distritos industriales, que trataron de eliminar a la policía de sus distritos y de la prisión de Krestý. Los insurrectos tomaron también el arsenal, comisarías y fábricas de armamento, lo que permitió que los trabajadores capitalinos se armasen.

Por su parte, el regimiento Volynski y miembros del Preobrazhenski y de los guardias de Litovski se unieron a la revuelta convertida ya en revolución.

Las tropas teóricamente aún fieles al Gobierno se disolvian ante el primer contacto con los alzados. Sólo algunos oficiales aislados y policías ofrecieron cierta resistencia.

A pesar de que se calcula que únicamente veinticinco mil de los ciento sesenta mil soldados de la capital se unieron activamente a la revuelta, las autoridades se mostraron incapaces de vencer la pasividad del resto y de utilizarlo para sofocar las protestas; tampoco podían contar con el apoyo decidido de numerosos oficiales, partidarios de pactar con la Duma en vez de aplastar sin más la revuelta.

La noche del 12, los insurrectos controlaban los regimientos de la capital así como la Fortaleza de San Pedro y San Pablo y el arsenal principal. El general Jabálov, comandante militar de la ciudad, aún controlaba con unos miles de hombres el almirantazgo y el Palacio de Invierno, esperando refuerzos del frente. Las tropas regresaron al almirantazgo. Las últimas fuerzas leales al Gobierno se dispersaron la mañana siguiente cuando los refuerzos no llegaron.

Los mandos militares del frente detuvieron el movimiento de tropas hacia la capital para aplastar las manifestaciones convencidos por el Comité provisional de la Duma Estatal de que era esta la que controlaba Petrogrado y no las masas revolucionarias. La extensión de la revolución entre parte de las tropas llevó finalmente al Estado Mayor a anular el aplastamiento de la revolución y respaldar al comité.

El Gobierno, que se había reunido para exigir la renuncia de Protopópov esa noche, se disolvió, buscando cada responsable del gabinete su seguridad personal.

28 de febrero/ 13 de marzo –Martes

 Extensión de la revolución y abdicación del zar

El 28 de febrero los revolucionarios tomaron el control en Moscú y en la base naval de Kronstadt, que controlaba el acceso por mar a Petrogrado. La resistencia a los insurrectos fue mínima, muestra del desprestigio alcanzado por el régimen zarista. Soldados, marinos y trabajadores de Výborg, Helsingfors, Reval, Pskov, Dvinsk y Riga se unieron a la revolución.

La madrugada del martes finalmente el comité de la Duma se decidió a tomar el control de los ferrocarriles y de su importante red de telégrafo y envió a un comisario a hacerse con el ministerio de Transporte.

1 de marzo/ 14 de marzo -Miercoles

Petrogrado se hallaba en manos de los alzados. Para asegurar el orden una vez desaparecida la policía, se formaron dos milicias rivales: una creada por el sóviet y otro por el ayuntamiento (duma) de la ciudad.

A pesar que algunos diputados liberales, entre ellos el dirigente kadete Pável Miliukov, Aleksandr Guchkov o Vasili Shulguín, deseaban establecer una monarquía constitucional, la revolución había avanzado demasiado para permitirlo.

2 de marzo/ 15 de marzo -Jueves

Nicolás II, incapaz de controlar la situación, abdicó sus derechos y los de su hijo, dando así fin a la dinastía Románov y el comienzo de la era de los Sóviets.

El mismo día, se formó el Gobierno Provisional, presidido inicialmente por el príncipe Gueorgui Yevguénievich Lvov, que se mantendría al frente del gobierno hasta 8 de julio/ 21 de julio.

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